Cambios en Chile: ¿Ráfagas Peligrosas o Restauración Anhelada?

Filas ingresando al Jumbo, 22 octubre 2019

Hoy esperamos 30 minutos en una fila para entrar en la tienda de comestibles, haciendo fila afuera del estacionamiento de la tienda. La comida era abundante, con algunos artículos agotados. Pero tardó unos 90 minutos en comprar, ¡porque el lugar estaba  COMPLETO! Tuvimos que estacionarnos a tres cuadras para llegar allí y caminar. La policía y el ejército controlaban el acceso, y solo había un punto de entrada a la tienda. Otras tiendas de comestibles tenían filas hasta afuera llegando a la calle y salían a los estacionamientos. ¡Se ve una situación delicada!

Las estaciones de servicio están abiertas, pero su suministro de gasolina es limitado. Algunos solo tienen el octanaje más alto y otros se han agotado. ¡El tráfico estaba muy, muy lento!

Los manifestantes (que se espera sean pacíficos, pero nunca se sabe) están apuntando a tres o cuatro parques principales de la ciudad. Hoy las protestas están comenzando  a formarse antes que ayer. Probablemente tendremos un toque de queda nuevamente. Hay varias ciudades en Chile que han anunciado otro toque de queda para sus pueblos, pero las autoridades de Santiago aún no han tomado la decisión.

Todos estamos aturdidos, inquietos, confundidos por esta violencia extendida y masiva: los saqueos, los incendios, las turbas que actúan como si no hubiera otra alternativa. Sin embargo, Chile es realmente un país próspero y desarrollado. ¿Por qué tanta desesperación?

Para los jóvenes de hoy … algunos me han escrito para expresar su consternación … ven confusión, tensión, venganza, ira. Lo ven como “hora de actuar” o como “un cambio necesario” en la estructura política. Hay necesidades reales, pero la esperanza de los jóvenes de hoy está puesta en las personas: personas que cambian cada cuatro años en el gobierno, que se supone resuelven todos los problemas para la población en general.
Francamente, es una situación de no posible para ganar (“a no-win proposition”) para la gente. Entonces toman las cosas en sus propias manos. Puedo sentir la desesperación. Pero también puedo ver la base inestable y no-bíblica sobre la que construyen sus esperanzas.

¡Los jóvenes tienden a esperar que los líderes nacionales resuelvan los problemas de abuso de drogas, disolución familiar, subempleo, ingresos insuficientes, transporte malo, cambio climático (¿qué es eso…?), y un montón de otros males sociales! ¿Puede un gobierno actuar como un salvador nacional? Para los adultos jóvenes de hoy, se ha convertido en su pregunta del momento. Esto en un país más acomodado del América del Sur. Algo está fuera de equilibrio. Algo falta en su fórmula de cambio. ¡Esta clase de cambios la hemos visto, y sabemos que no lleva a ninguna realidad buena, al depender todo y absolutamente en solo el gobierno. Los gobiernos, al final de cuentas, somos nosotros mismos.

Continuamos orando por y tratamos de alentar a nuestros hermanos. Muchos están en casa porque no hay ningún medio de transporte para llegar al trabajo. Otros intentan volver a la normalidad. Tomará otra semana o dos antes que eso suceda.

En este momento TODAS las escuelas públicas de Santiago están cerradas. TODAS las universidades privadas están cerradas, y algunas de las públicas también. Nuestra escuela para hijos de misioneros estaba cerrada el lunes y martes. Entonces quizás sea hora de dar una lección de historia a nuestros hijos. Considero que estos versículos de las Escrituras son muy aplicables a nuestras vidas hoy — Romanos 13: 1-7 y 1 Pedro 2: 11-23. Después de todo, los creyentes en Chile no somos los primeros en tratar con autoridades débiles, corruptas o equivocadas. Ni el primero en vivir entre una sociedad confusa y malvada. Chile, como muchos países, puede estar perdiendo sus amarres morales.

La pregunta es: ¿sabremos cómo responder a las autoridades de una manera que sea bueno para toda la sociedad? ¡Que Dios nos dé la sabiduría, el coraje y el amor para guiar a las personas a la Cruz, donde se restaura toda la única y verdadera esperanza!

David L. Rogers, Magister en Artes
Santiago, Chile