¿Por qué pecan los cristianos? ¿Por qué las «personas buenas» se enferman, pierden su trabajo en el peor momento y, de repente, «pierden la fe»? ¿Por qué quienes realizan la obra de Dios deciden amargarse contra Él cuando las cosas no salen como ellos quieren? ¡La complejidad de estas y otras preguntas similares me deja atónito y pone a prueba mis convicciones!
En los titulares aparecen noticias devastadoras sobre líderes, pastores y figuras públicas que han fracasado y, lo que es peor aún, la frecuencia con la que ocurre:
— Tony Evans, pastor fundador de la Iglesia Oak Cliff
— Bob Morris, pastor principal de la Iglesia Gateway, en las afueras de Dallas
— Joshua Harris, conocido autor y conferensista
— Steven J. Lawson, la «mano derecha» del rector, John McArthur, en el Seminario Master’s
— Abraham Piper, hijo del mundialmente conocido John Piper, abandona la fe cristiana
La lista sigue y sigue…
ANTES de responder a las preguntas anteriores, conviene recordar otra triste realidad: los cristianos que han conocido el Evangelio y su verdad, muchos de los cuales están sentados justo ahí, en el banco o en el asiento de al lado, también pecan repetidamente. Hay literalmente cientos de historias de cristianos «corrientes» —personas en los bancos que quizá pasen desapercibidas, pero a las que conocen sus familias y sus congregaciones— que TAMBIÉN se han vuelto totalmente indiferentes hacia Dios. Hay un sinfín de ejemplos de cristianos de todos los ámbitos de la vida que tienen hábitos pecaminosos que los dominan y sobre los que no han logrado vencer. Sin embargo, sus pecados no se publican en los periódicos ni en los blogs de Internet. Simplemente se pasan en forma discreta entre la multitud.
Para ayudar a responder a las preguntas anteriores, mira a estas palabras del profeta Oseas:
1 ¡Escucha la palabra del SEÑOR, oh pueblo de Israel!
El SEÑOR ha presentado cargos en tu contra, diciendo:
«No hay fidelidad, ni bondad
ni conocimiento de Dios en tu tierra.
2 Haces votos y los rompes;
matas, robas y cometes adulterio.
3 Hay violencia en todas partes;
un asesinato tras otro.
(Nueva Traducción Viviente (Ho 4:1–3). (2009). Tyndale House Publishers, Inc.)
Toda una nación —desde los líderes, los sacerdotes, los reyes y los guardias del templo— había sido infiel, poco bondadosos (hacia los necesitados) y había actuado desafiando e ignorando los caminos de Dios y Sus normas. ¡Era una pandemia nacional entonces! ¡Y es una pandemia global AHORA!
El pecado arrastra a cualquiera que pueda. No hace acepción de personas. ¡Es astuto, engañoso, falso y maliciosamente seductor! ¡Sí! El pecado conoce —el enemigo conoce— ¡tu talón de Aquiles y el mío! El problema con los pastores caídos es que nos enteramos de ello. El problema con los cristianos caídos es que ¡NO nos enteramos! Pero ambos están dañando el nombre de Cristo, y AMBOS manchan y salpican de inmundicia las vidas de los demás. ¿La única diferencia…? El número de personas perjudicadas.
En 2019, la Convención Bautista del Sur encargó una investigación exhaustiva sobre las denuncias de abusos sexuales contra pastores bautistas de la SBC. Cuando se publicó el informe, fue prácticamente un terremoto de proporciones nacionales. Consulta el informe aquí>
https://www.houstonchronicle.com/news/investigations/article/Southern-Baptist-sexual-abuse-spreads-as-leaders-13588038.php
El problema está muy arraigado. La tendencia a actuar de forma incompatible con las normas bíblicas ya existía en tiempos de Oseas (alrededor del 770 a. C.) y sigue existiendo en nuestros días. Todos estos problemas tienen una raíz común: el orgullo y la naturaleza pecaminosa del ser humano. ¡No podemos escapar de ello!
Entonces, ¿por qué sacarlo a colación ahora? Por dos razones: en primer lugar, porque este tema debe abordarse de frente en todas y cada una de las iglesias de todas las denominaciones de todos los países del mundo. Este asunto podría minar drásticamente la credibilidad de la iglesia hasta el punto de que los gobiernos locales pudieran empezar a exigir la grabación en vídeo en todas las aulas infantiles. (véase este artículo: https://www.christianitytoday.com/2021/07/ndafree-campaign-confidentiality-nondisclosure-abuse/
Pero lo que es peor aún, también podría llevar a que las iglesias se vieran tan envueltas en batallas legales que se vieran obligadas a cerrar sus puertas.
https://www.christianitytoday.com/1998/07/church-nearly-closed-after-lawsuit/
Aunque se trata de un caso antiguo, ¡la iglesia implicada estuvo a punto de perder sus propiedades y su edificio para pagar la indemnización! Si pudo ocurrir en 1998, ¡puede ocurrir en 2028!
Mi intención al abordar este tema es pura y sencilla: no podemos seguir escondiéndonos del pecado, sea cual sea su naturaleza y sea quien lo cometa.
Durante los últimos 12 meses, nuestro ministerio en Santiago de Chile ha estado lidiando con el pecado en la comunidad. No se trata de adulterio, ni de abuso sexual, ni de ningún escándalo sexual. Sino de un pecado personal, sin más. Estos 12 meses ha sido difíciles lidiar con el asunto, porque es pecado y sigue dañando el testimonio y la vida de la familia de la iglesia. El pecado, sea cual sea su naturaleza o quien lo cometa, mancha el nombre de Cristo y perjudica a la Iglesia. Esa es la razón por la que comparto aquí esta preocupación.
Ante esta realidad, hacemos bien en recordar las palabras del apóstol Pablo a los corintios:>
«Pues la clase de tristeza que Dios desea que suframos nos aleja del pecado y trae como resultado salvación. No hay que lamentarse por esa clase de tristeza; pero la tristeza del mundo, al cual le falta arrepentimiento, resulta en muerte espiritual.
Nueva Traducción Viviente (2 Co 7:10). (2009). Tyndale House Publishers, Inc.
¡Aquí es donde comienza la sanación: un arrepentimiento sincero que nos aleja del pecado y nos lleva a la salvación! Que Dios nos salve de nosotros mismos. Y una vez dado el primer paso, debe seguir el segundo… asumir la responsabilidad por los pecados cometidos, las personas a las que se ha hecho daño y la reputación destruida, actuando en consecuencia y comprometiéndose a cambiar.
11 ¡Tan sólo miren lo que produjo en ustedes esa tristeza que proviene de Dios! Tal fervor, tal ansiedad por limpiar su nombre, tal indignación, tal preocupación, tal deseo de verme, tal celo y tal disposición para castigar lo malo. Ustedes demostraron haber hecho todo lo necesario para corregir la situación
Nueva Traducción Viviente (2 Co 7:11). (2009). Tyndale House Publishers, Inc. NLT.
Eso es lo que demuestran todas las preguntas anteriores y esos son los pasos que se les pide que den a las personas mencionadas anteriormente, y a todos aquellos que no se nombran, en el nombre de Cristo Jesús.
David L. Rogers, Mg. en Apologética
Santiago, Chile
(c) 6 de octubre de 2026
